El que sabe, sabe…

 

salto-con-pertiga-2_21136869La semana pasada vi por primera vez a Julio, un chico de 24 años que sufrió un accidente deportivo mientras competía en salto de pértiga. Sufrió un complicado traumatismo cráneo-encefálico que le tuvo en coma más de cuarenta días.

Cuando despertó, permaneció otro largo período de tiempo comunicándose con una mano, de modo que solamente podía decir “sí”, “no”, “arriba”, “abajo”. Le trasladaban con grúa en las transferencias, le alimentaban, le aseaban, le cambiaban el pañal…

En esa situación límite en la vida, sus padres se encontraron con muchos profesionales que se atrevían a hacer valoraciones pesimistas de la situación, invitándoles a rezar cada día, porque Julio no saldría vivo de ésta, o asegurando que nunca controlaría esfínteres, que se olvidara de caminar, por citar algunos “mensajes de ánimo”.

Entre tanta adversidad, se encontraba su neurocirujano, una persona excelente que le dijo a la madre de Julio que su hijo saldría adelante con éxito si se dedicaba en cuerpo y alma a cuatro puntos fundamentalmente:

Valores

  • Trabajo
  • Sol
  • Apoyo familiar
  • Constancia

 

¿No resulta del todo admirable que alguien te ofrezca una visión optimista dentro de aquel tumulto?

¿No anima enormemente que la persona que te transmita ese mensaje esperanzador sea precisamente el médico que está llevando el caso?

¿No es un gran aliento el saber que las cosas que te recomiendan están en tus manos, porque las entiendes, y las puedes hacer efectivas?

¿No se llenaría de energía, ganas, ilusión y fuerza esa madre al escucharlo?

Cuatro años después esa madre me contaba esos puntos como si hubieran sido su salvación. Y lo han sido, sin lugar a dudas.

Julio, a día de hoy, como yo lo he conocido, llega caminando sin ninguna ayuda, contando su experiencia tras esta adversidad de la vida, colaborando

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con Cruz Roja, jugando a golf y nadando todas las semanas, quejándose de que no tiene vida social y que no le gusta cómo camina, controlando todas las partes de su cuerpo, y siendo independiente en todas las actividades diarias de un adulto de 24 años.

¿Cuál es la enseñanza de este caso?

Ser humano

 

Que, ante todo, hemos de confiar en la capacidad del ser humano, en el enorme potencial y las grandes posibilidades que tenemos guardadas, y que sólo emergen cuando son realmente imprescindibles.

Y yo me pregunto….¿ no servirían esos cuatro bellos puntos para aplicarlos en todos los ámbitos de nuestra vida?. Repasemos:

  • Trabajo. Claro, para sacar adelante lo que nos propongamos. ¿Cómo si no?. Yo no entiendo otra manera, hoy por hoy.
  • Sol. Salir al exterior. Respirar oxígeno. Observar los colores de la naturaleza, el cielo, los contrastes. ¿Acaso no aporta esto estímulos positivos?.
  • Apoyo familiar. Si hay alguien que opine que se puede sacar adelante todo lo que uno se proponga sin tener el respaldo de tu entorno más cercano, creo que está en un error. Es nadar contra corriente.
  • Constancia. Evidentemente, sin repetición, no hay aprendizaje. Sin hábito, no se establecen nuevas rutas. Sin nuevas rutas, todo sigue igual, sin cambios.

Enhorabuena a este médico anónimo.

Gracias por tu inestimable papel.

Seguro que te gusta lo que haces.

Y seguro que lo que haces, lo haces bien.

 

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1 respuesta

  1. papaiona dice:

    Qué bonito, Sonia… Una vez más se demuestra que: con constancia, esfuerzo y esperanza, no hay nada que el ser humano se proponga y no consiga.