Saber escuchar

 

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Hoy he recibido una llamada de teléfono que me ha hecho reflexionar. Se trataba de una chica, adolescente de 16 años que ha sufrido las consecuencias de tener un glioma en el nervio óptico.

Tras la cirugía, ha quedado con una hemiplejia y un problema de visión. Ambas secuelas las está superando con éxito desde hace 10 meses.

Esta persona me ha buscado para que le diga si la puedo ayudar a quedarse bien, a depurar aquellas cosas que aún no le gustan, a mejorar en aquello que ella nota que todavía no hace.

En esa llamada, ella me ha podido explicar perfectamente no sólo qué es lo que siente, sino también el por qué, y de ahí viene mi reflexión.

Con tan solo 16 años (e imagino que algunas cosas más como madurez, voluntad, autoobservación, inteligencia, motivación….que no necesariamente van asociadas a la edad) esta chica ha sido capaz de explicarme sin verla que camina perfectamente, pero que si no piensa cuando lo hace, bloquea su rodilla izquierda, que cuando va a arrodillarse o agacharse no está segura, no le aguantan sus rodillas, que su mano izquierda, para estar muy bien en cuanto a movilidad, no es capaz de incorporarla en la vida diaria de manera automática…

Y todas estas apreciaciones han venido acompañadas de razonamientos muy coherentes, intentando dar una explicación a cada cosa que le sucede. Ella cuenta que piensa que su rodilla se bloquea porque en un principio, cuando estaba aún sin caminar, le explicaban que tenía que aprender a bloquear su rodilla para no caer.

Y ella lo aprendió. También dice que cree que como lleva tanto tiempo sin potenciar sus músculos, no se siente nada segura cuando se tiene que agachar. Y añade también que como su mano derecha acude tan rápido y tan bien a todo lo que necesita, la mano izquierda se ha hecho perezosa y no sale si no se lo piden o si no es absolutamente necesario,como en el caso de las actividades bimanuales.

¿Qué os parece?. Es una lección de neurofisiología en directo. Hay veces que solamente escuchando podemos sacar tantos datos como observando o tocando. No olvidemos que el paciente es el que siente, el que nota lo que está sucediendo. Formulando las preguntas con sentido, y guiando la conversación para encontrar lo que buscamos, es una perfecta aproximación a nuestro caso. Luego vendrán las valoraciones, con las pruebas, las observaciones y los manejos, pero un primer acercamiento verbal puede ser extremadamente útil.

¿Qué hemos aprendido del testimonio de esta chica tan despierta y clara?

  • Que le han enseñado a caminar cuando no estaba preparado aún su Sistema Nervioso Central.
  • Que su tono muscular ha disminuido en todo el tiempo de evolución por la inactividad. Por su edad, tiene que estar mucho más fuerte y tonificada de modo que pueda, sin ningún problema, hacer lo que desee con sus piernas.
  • Que su mano izquierda ha aprendido a desusar (me remito al post titulado “¿Qué pasa con la mano?”).

Y todas estas apreciaciones no son más que hipótesis basadas en los datos que hasta el momento tenemos. Más adelante, cuando tengamos la oportunidad de verla y valorarla, podremos contrastar dichos datos y elaborar un plan de tratamiento enfocado a sus necesidades.

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